Informática y Sistemas (β)

2009/09/08 - 8 septiembre 2009

Software y responsabilidad profesional

Muchos programas especializados en funciones de cálculos de ingeniería civil traen una aclaración en sus manuales o en sus páginas “acerca de…” que palabras más o palabras menos dicen algo similar a lo siguiente: “los resultados presentados por este programa son a modo de referencia y deberán ser verificados por un profesional”. En realidad, los resultados en la práctica nunca son verificados y se cree ciegamente en los resultados, los que pueden dar lugar por ejemplo a construcciones reales y de envergadura. ¿Pero pueden equivocarse los ordenadores? A esta altura nadie se pregunta seriamente esto: los computadores se han convertido en los oráculos modernos que responden preguntas, y que la fe tecnológica hace aceptarlas sin cuestionamientos. Pero el problema aquí no reside en si la capacidad de cálculo tiene cierto grado de falibilidad, sino en los algoritmos y decisiones programadas que en definitiva son resultado de la programación humana.

En efecto, supongamos que un tomógrafo computado tenga una cierto error en el software de mapeo de colores y no ofrezca un diagnóstico oportuno, aunque técnicamente tenga la posibilidad. Es posible que esta condición de error sea indetectable fácilmente, pero tenga consecuencias negativas por no indicar el problema y permitir aplicar un tratamiento temprano (espero realmente que este sea un escenario hipotético). En este caso extremo tenemos una responsabilidad compartida, dado que el médico profesional encargado del diagnóstico no puede basarse exclusivamente en el juicio de una máquina, cuyos fabricantes por su parte generalmente deslindan su responsabilidad con clausulas como las que me mencioné; pero por otra parte quizás el médico no tenga ningún otro medio de análisis alternativo que no sea el entregado por el tomógrafo. Parecería entonces que llegamos a un callejón sin salida: una víctima, un error de software, pero ningún responsable.

 El avance de los medios computacionales para el apoyo en los procesos de ingeniería, salud, o ciencias en general es invaluable. Pero la velocidad de inserción de equipos y software de apoyo en los distintos campos hace que se pierdan de vista los alcances de la responsabilidad profesional, sobre todo en aquellas disciplinas en las que históricamente siempre estuvieron regulados con claridad. Sin una edificación cede por mal cálculo estructural, y el cálculo fue erróneamente elaborado por una aplicación de software mal programada, sin duda el responsable es siempre el ingeniero o arquitecto que aprobó los planos. Hoy en día, en que los tiempos y complejidad de cálculo (o diagnóstico médico según el caso anterior) hacen que se deban confiar en las aplicaciones “de apoyo”, se hace urgente especializar y generar una responsabilidad anexa de las empresas de software especializadas para cumplir un rol acorde a la funcionalidad que pretenden ofrecer. De otro modo se multiplicarán estos vacíos legales que dejaran desprotegidos los supuestos beneficiarios de los productos, y dejados a merced de aplicaciones de software que solo mejoran y progresan en base a prueba y error; pero con errores que juegan con la integridad física o de salud de personas reales.

(tiny)

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